Un día de furia… como cualquier otro
abril 23, 2007
El mundo entero se ha conmocionado por los ventos sucedidos en Virginia Tech la semana pasada. Es terrible y preocupante, lo sé. Pero es más preocupante que un evento como este sea una muestra del peligro inminente para todos. Como decía en la entrada anterior, nunca sabemos donde está la maldad alojada. Los asesinos en serie y en masa, como es el caso del protagonista del episodio en cuestión, suelen ser sujetos aparentemente apacibles, amables y hasta seductores. Muchos son líderes en su comunidad, hombres de negocios y cosas por el estilo. Yo lo digo con conocimiento de causa.
Lo preocupante del caso es que nadie lo haya notado, que nadie se haya dado cuenta de nada, que aún después de recibir la amenza del primer tiroteo la universidad no tomara las medidas necesarias para evitar que 33 personas murieran. Por eso digo yo que hay que tener los ojos bien abiertos.
En EL PAIS señalan la reconstrucción de la masacre de esta forma:
La reconstrucción de la matanza
Al parecer, Cho Seung Hui primero actuó en el dormitorio de un colegio mayor, donde mató a dos personas y, dos horas después, en un aula de Ingeniería, donde acabó con la vida de otras 30 y acabó con la suya propia. Aunque ésta sea la principal vía de investigación, tampoco descartan la colaboracion de una segunda persona, que podría ser responsable de las dos muertes en el colegio mayor. Los análisis de balística determinarán si ambos actos están relacionados y si detrás de ellos está el mismo autor. La investigación continúa y por el momento no han sido revelados más datos.
El rector de la Universidad Politécnica de Virginia, Charles Steger, ha explicado que los servicios de emergencia recibieron la primera alerta a las 7.15. Cuando acudieron a uno de los colegios mayores de la universidad, conocido como Ambler Johnston Hall y donde viven 895 estudiantes, al menos dos personas habían muerto en uno de los dormitorios. El asesino no pudo ser apresado. A pesar del suceso, las clases no fueron suspendidas hasta la espera de conocer el alcance de las noticias. Según la policía, en esos momentos se creía que el tirador había abandonado la universidad. Pero volvió a actual dos horas después, en esta ocasión en la facultad de ingeniería Norris Hall, situada al otro lado del campus, a más de cien metros de distancia.
Steger ha defendido la decisión de las autoridades universitarias de no alertar de inmediato a los estudiantes acerca del primer tiroteo. Algunos alumnos dijeron que la primera información fue enviada por correo electrónico a las 9.26 horas (15.26 horas e España), cuando el segundo tiroteo ya había comenzado. El rector ha explicado que las autoridades intentaron informar a los estudiantes que ya se encontraban en el edificio universitario y no a aquellos que estaban de camino. “Alertamos a los estudiantes que pensamos serían afectados de manera más inmediata. Creíamos que si los confinábamos en las aulas, los mantendríamos más seguros”, ha apuntado.
Queda claro que los directivos de la universidad no se lo esperaban… aún cuando habían sido amenzados…
Esto es asombroso. Es necesario darse cuenta de que en cualquier momento, al lado nuestro, pueden ocurrir masacres de esta índole: no comprendo a qué horas el mundo entró en este modo de tranquilidad y se cegó ante las amenzas inimientes, más en una sociedad capaz de moldear temperamentos y conductas sicópatas gracias al bombardeo tan escándaloso de información. Un mundo que es capaz de llevar a la gente a acumular fastidio y hastío, rencor y rabia… pero además, un mundo que es capaz de usar este pretexto para programar verdaderas máquinas de matar. No se sabe si actuó sólo o en compañía: debo decir que los cómplices y los verdaderos perpretadores de estos crímenes no salen en los diarios.